15 Jul

Hago mal de ojo para que te les adelantes a tus enemigos

El poder de la mirada es supremamente fuerte o, si no, pensemos en aquellas ocasiones en que solemos sentir que alguien nos está mirando, sin que nadie esté presente ante nuestros ojos.

Pero, para “ojear” a alguien, es necesario contar con el poder, como es mi caso. Hago mal de ojo mediante cierto ritual, aunque realmente no se requiere de un soporte físico para que sea efectivo.

Los efectos del mal de ojo son controlables

Portrait of a shaman with a drum outdoor.

Algunos piensan que es necesario mirar, directamente, a la persona a la se pretende “ojear”. Sin embargo, esto no es necesariamente cierto.

Son muchas las ocasiones en que los consultantes desean practicar el mal de ojo a sus enemigos, con el fin de salirles adelante sin que, necesariamente, se pretenda hacerles un mal.

Sin que pretendamos involucrarnos en el debate ético, respecto de si la venganza es buena o mala, acá lo importante es la protección.

En el mundo hay muchísima maldad y no es extraño que nuestros enemigos estén urdiendo ataques psíquicos contra nosotros. Ante tal panorama, mejor será debilitarlos antes de que nos ataquen.

Ahora, para nosotros es claro que los efectos del mal de ojo pueden ser controlados por algunos expertos. En mi caso en particular, puedo hacerlo así, de cara a que sea el consultante, quien determine el grado de perjuicio que le desea causar a su enemigo.

Hago mal de ojo de la manera más efectiva pero, eso sí, recomiendo a los lectores que jamás pretendan destruir la vida de nadie. Con sólo aniquilar sus malas intenciones y, de paso, evitar que “vuelvan a alzar vuelo”, es más que suficiente.

Ahora, ¿sabías que el mal de ojo se le puede hacer, también, a los animales? Pues bien, si tienes un vecino con una mascota molesta, en el sentido de que perturba tu tranquilidad, puedo evitar que ello siga sucediendo, sin necesidad de hacerle mal a la mascota misma.

Los animales no son culpables de su comportamiento y, por tanto, no es justo infringirles sufrimiento. Ellos hacen parte de la madre naturaleza. Pero, lo que sí es viable (y conveniente), es evitar que te sigan incomodando.

Hago mal de ojo controlado. Los efectos del “ojeo”

Las consecuencias del mal de ojo pueden ser físicas, como es el caso del decaimiento general, el malestar estomacal y los dolores de cabeza.

En casos extremos, puede generar pérdida total del apetito, diarreas y vómitos severos, además de pesadillas. No consideramos justo, hacerle un mal de ojo a los bebés, por cuanto son seres inocentes que nada tienen que ver con los malos pasos de sus padres.

Consideramos que, si eres una persona ecuánime y bien estructurada, no querrás saber que, por tu desatinada decisión, un bebé esté llorando desconsoladamente o esté sufriendo de vómito y diarrea.

Los niños, algunas veces, pierden totalmente el apetito, lo que es bastante delicado a esa edad, por lo que nos abstenemos de hacerlo de esta manera. Todo se lo dejamos a los adultos. No hago mal de ojo a los niños.

En otro orden de ideas pero en el mismo sentido, digamos que podemos hacer el mal de ojo a distancia. No necesito de fuentes materiales, como fotos, ropa y/o pertenencias de la víctima, en la mayoría de los casos.

Si eres de los que considera que el mal de ojo sólo es efectivo si miramos, directamente, a la víctima, te invitamos a que compruebes que no es así.

Sólo consúltanos, para que compruebes la verdad de todo lo que hemos manifestado hasta acá. Hago mal de ojo efectivo pero, eso sí, con las restricciones a las que he hecho alusión.

En lo que respecta a los efectos de “ojeo” en los ámbitos anímico, espiritual, económico, afectivo, social y demás, tenemos que pueden llegar a ser bastante severos.

Es así como, por ejemplo, se puede causar la ruina económica total de la víctima, una racha de mala suerte inexplicable en todas las áreas, la pérdida del ánimo para hacer cualquier cosa y la pérdida de la salud.

Es de lo más normal, ver a los “ojeados” sumidos en la ruina total, en un decaimiento que no se puede superar, aislados de la sociedad e, incluso, de su familia y, en fin, en un estado deplorable y devastador.

Durante la historia, se ha sabido de personas que han muerto, incluso, a causa del mal de ojo. Y, como parece que las rachas de mala suerte en todos los ámbitos, se transmite a las personas cercanas, hasta la descendencia misma podría sufrir los rigores del “ojeo”.

Hago mal de ojo, con unas consecuencias que puedo controlar. Que no vaya a ser que, por un deseo desmedido de venganza de tu parte, en un futuro te arrepientas de lo que ya no se puede deshacer.

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    • Chaman Guajiro

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